martes, 7 de abril de 2009

Rendida

Educada sin dejar de ser directa, acostumbrada a gestionar personal. Ajena a recibir órdenes y menos a obedecer. Y sin embargo, tan deseosa de hacerlo. Halló sin buscar lo que sentía, eso pensaba.

Una vez se hallaron en la estancia le recordó qué se esperaba de su aspecto exterior. Retiró de su piel pendientes y resto de complementos, dejó a un lado la blusa, la falda y el sujetador, quedando únicamente vestida con medias y zapatos de tacón. Recibió la orden de retirarlos también.

Fue sentada en una silla y atadas sus manos al respaldo. Separó las piernas tras la pertinente indicación. Su mirada hacia el suelo, su pelvis adelantada, actitud de cooperación.

La piel fue recorrida y estimulada, algo que no esperaba. Mojaba por momentos el asiento de la silla e imaginaba que después le harían limpiarla. Pero esta vez se equivocó. Dejada al borde del placer fue incorporada y llevada hasta un espejo de cuerpo entero. Se ordenó que permaneciera arrodillada con sus manos atrás, mirándose mientras era acariciada. Le gustó mucho esa posición, se sintió cómoda y natural.

Bordeaba el límite del placer, demasiado cerca tal vez. Él así lo había planificado. Fue el momento elegido para dar una orden sencilla pero en su interior cargada de dificultad. Sin tirar de su pelo, sin más que un susurro se le ordenó colocarse a cuatro patas y seguir a su Señor. Acostumbrada al poder fue dura la rendición.

Temblaba a cada paso, componiendo su grupa para mantener la armonía y la seducción. No sólo se esperaba su cumplimiento sino también su calidad. En su interior se agolpaban los miedos, la implicación de aquél sencillo gesto y las palabras que recordaban en ese momento su condición.

Cada zancada que daba era una lucha entre seguir, detenerse o incorporarse, pero fuerte era su determinación y acabó. Postrada a los pies de la cama, obtuvo un rato de paz y recompensa. Sin embargo, el desafío continuó. Arrodillada ante la mirada que la estremecía si cesar, escuchó cual era su receta para complacer en aquél lugar. Ofreció su cuerpo, su sexo, su boca y su rostro para castigar.

- Así sea, escuchó antes de comenzar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario