martes, 31 de agosto de 2010

Fire

Kylie Minogue acariciaba con su voz las paredes del oscuro local con sus lovers. Al tiempo, cientos de cuerpos explotaban ritmo y gotas de sudor, pegada la ropa a la piel, dibujando cada curva, cada contoneo. En mitad de la pista, flanqueada por bailarines de torso desnudo y brillante, como colofón decorativo a los altavoces de la sala, fue situada para que diera rienda suelta a su instinto animal.

Volando sobre los tacones, se movía con esa cadencia sensual, pegada a la piel del otro, sabiendo seducir. Él giró su cuerpo y se situó detrás, tomando su cintura con una mano y otra ascendiendo por su pecho desnudo tras la lycra de la camiseta, ciñendo su garganta y su pelo al final. Entre el calor del local, la penumbra, el tacto y la estimulación, entre sus muslos se cocinaba una intensa humedad.

Él colocó un objeto en su mano. Ella reconoció la bola vibratoria y sin dejar de bailar, aprovechando el vuelo de la minifalda y flexionando ligeramente las rodillas, no tuvo problema en introducirla en su interior. Él activó el mando a distancia y la sumergió en un torbellino de excitación.

Cerraba los ojos y por momentos sentía que flotaba, apretando al otro contra su cuerpo, llevándole a estrechar su garganta de nuevo, a demostrarle que era suya. Poco a poco otra joven fue acercándose a ellos y acabó pegada a su pelvis, bailando al mismo son. Él se acercó a la chica y susurró algo. Siguieron bailando, cada vez más lentos, cada vez más juntos los tres. La chica comenzó a acariciar su cintura, ascendió por el talle y la tomó del cuello, besándola profundamente. Ella se dejó hacer, puesto que su dueño nada impedía, mojándose al sentir la ternura de la otra boca, la jugosa lengua recorriendo su labio inferior, mordiendo su cuello.

Poco a poco, entre caricias sutiles entre los muslos y algún beso más, abandonaron la pista de baile, refugiándose en un rincón. La tomaron de la mano y la sacaron del local, llevándola al coche. Sentada en el asiento de atrás, vendaron sus ojos. Él comenzó a conducir, quedando la chica a su lado. En plena oscuridad, sintió como un susurro la desnudaba. La otra chica anunciaba que le habían concedido el uso del mando a distancia con el que estimular su ardiente sexo y que pensaba utilizarlo a conciencia. Desprendida de ropa, abierta de piernas, atadas las manos a la espalda y marcando en los respaldos de los asientos delanteros cada zapato de tacón, comenzó a ser comida su entrepierna, a sentir la vibración de las bolas y a intuir la mirada del conductor a través del espejo retrovisor. En manos de una desconocida mujer, escuchó cómo se ordenaba que fuese estimulada, pellizcada, besada, mordida, usada y follada hasta que se derritiera de placer.


lunes, 9 de agosto de 2010

Film

La cafetería estaba menos bulliciosa que de costumbre, probablemente por el verano. Terminaba con calma el batido de frutas cuando apreció la señal. Llegaba la sesión antes de lo esperado.

Recibió la orden de retirar sus complementos. Comenzó por los pendientes, la pulsera después y el reloj para terminar. Lo depositó en la mesa antes de serle ordenado guardarlo en el bolso. Sentía como el pulso se le aceleraba. Tras eso vendrían las bragas. Cuando se lo ordenaron entendió el motivo por el que le había dejado elegir sitio y ella, inocentemente, se había colocado hacia donde más gente había y ahora podría ver la tarea. Sin embargo, el reto la excitó más.

Con la mayor naturalidad que fue capaz y tratando de no mirar alrededor para no levantar sospechas cumplió el desafío, ayudándose de una simulada caída de la servilleta para recoger la prenda, que entregó a su Señor. Después, salieron del café.

El tacto del vestido se había hecho diferente al ir sin ropa interior y más notorio cuando percibió caricias sobre su nalga, recorriéndola quien antes la había azotado en privado. Entraron en el cine, que a esas horas de la madrugada apenas contaba con dos docenas de almas apiñadas en la platea, cortesía de la informática del local. Poco a poco se fue diluyendo la masa, unos en busca de palomitas, otros hacia filas superiores en busca de intimidad.

Con el hormigueo de la excitación previa, ella se acomodó en la butaca, evocando los instantes anteriores. Minutos después de comenzada la película, el público ya había centrado la atención en la pantalla y ellos estaban en un discreto y elevado lugar.

- Entrégame el vestido – susurró

La adrenalina desbordaba cada poro de su piel. No pudo evitar mirar a los lados, por lo que fue castigada después. Tras el acto reflejo, se desnudó, quedando únicamente con las sandalias de tacón en la butaca. Separó las piernas y se recostó, esperando ser utilizada y mojando el asiento. Los dedos de su dueño resbalaban entre sus muslos y la estimulaban más y más. Cuando pensó que sería utilizada de ese modo le dieron nuevas instrucciones.

- Túmbate en el suelo, piernas separadas y junto a mí.

Con una leve caricia podría haberse corrido en ese mismo instante. El juego de control en público era lo más intenso, sabiendo que en la oscuridad la otra parte controlaba cada detalle para que no tuviera que pensar en nada. Se agachó antes de tumbarse, quedando expuesta al juego, viendo el techo de la sala iluminado por el haz de la película, imaginándose observada.

Él comenzó a acariciarla con un pie desnudo por el vientre, el pecho e introdujo el dedo gordo en su boca, que ella saboreó con deleite. Regresó así, humedecido, a recorrer su piel hasta depositarse suavemente en el sexo, estimulando levemente cada rincón y acabando introducido en el empapado coño con suavidad. En ese momento fue autorizada a acariciarse el clítoris con una mano, mientras con la otra pellizcaba sus pezones y se movía al compás que le marcaba su dueño con el pie.

Unos segundos bastaron para alcanzar el umbral del placer. Le miró buscando su aprobación para poder correrse, cosa que le fue permitida. Los espasmos de placer tumbada en el suelo se sucedieron durante unos instantes, quedando el pelo sobre la frente y la respiración agitada. Él retiró el dedo de su interior y permitió que con su boca ella lo limpiara. Tras eso, podía disfrutar de la película como gustara. Ella eligió hacerlo desnuda, arrodillada y entre las piernas de su Señor, saboreando su sexo y el calor de su néctar, apoyando la cabeza en sus piernas al final, aguardando a que le ordenaran vestirse o ser de nuevo utilizada.