martes, 31 de marzo de 2009

Despacho


Coincidieron, como algún otro día, en la cafetería principal del edificio. Se saludaron amistosamente, bromeando como solían. Al rato, ella le llamó, continuando una broma anterior. Él a su vez reconoció la belleza del vestido y los complementos que llevaba.

- Pues hoy estreno medias, que sé que gusta saber que una mujer las usa
- ¿Estrenas? En tal caso tendré que verlas – respondió él
- Algún día, tal vez – respondió riendo
- No lo creo. Será ahora. En cinco minutos te iré a buscar

Ella adujo el riesgo de jugar en el trabajo y la falta de privacidad. La única respuesta que obtuvo fue quedarse en su sitio a la espera de ser recogida.

De camino a su despacho, él pasó por la garita de seguridad para reclamar la llave de la sala de conferencias, que le entregaron sin dificultad. Con una carpeta en la mano tomó el ascensor y llegó hasta la sección de dirección.

- Tengo la documentación que se ha solicitado - dijo a la secretaria – pero conviene que la revisemos. Tienes un minuto ahora?

Ella dudó en responder, su compañera dijo que no se preocupara, la reunión del consejo duraría bastante y podía atender los asuntos sola. De modo que salió tras él, siendo informada de que la sala de conferencias era el destino.
Abrió la puerta y la hizo entrar. Cerró con llave después.

- Las manos sobre la mesa, las piernas separadas – ordenó mientras ella aún temblaba
- Estamos en el trabajo y…
- No creo haber pedido tu opinión y no repetiré las instrucciones – dijo sin alterar el tono sereno. Ella obedeció

Lentamente, levantó el vestido hasta el trasero para ver la lencería que, tal como se había anunciado, era nueva, elegante y sensual. Ella respiraba agitadamente, manteniendo su cabeza agachada y las manos firmes sobre la mesa. Él retiró las bragas de encaje hasta medio muslo. Ella trató de moverse y decir algo.

- No me interrumpas y cállate
- Sólo eran las medias, por favor
- Será lo que yo desee, entendido?
- Está bien – admitió

Subió los dedos por la cara interna de los muslos hasta alcanzar el sexo, empapado en aquel instante. Se colocó tras de sus nalgas para acariciar y recorrer cada rincón que quiso, llevando las manos bajo su vestido a través de su ombligo hasta el pecho, que pellizcó y excitó.
Volvió a deslizar hacia abajo las manos hasta quedar apoyado en su trasero. La incorporó tirando del pelo sin prisas, marcando el desplazamiento.

- Arrodíllate
- Puede entrar alguien y vernos..
- No lo diré más – ella suspiró y ejecutó la orden

La rodeó paseando, sujeta del pelo, con los tirantes del vestido en los brazos y el pecho sobre la tela, al descubierto. Una vez que disfrutó de su obediencia permitió que se levantara y pusiera las bragas. Ella preguntó si podía refugiarse en sus brazos y se le concedió.

- Este es el lugar más seguro de todos, aunque tardarás en volver porque levantaría sospechas
- Podría haber venido alguien más
- No es cierto – replicó él – sólo hay una llave, la otra está custodiada al otro extremo de la ciudad
- No lo sabía. Gracias por tenerlo en cuenta
- Es mi deber. Espero que no vuelvas a dudar la próxima vez
- No lo haré

Una vez que serenó las pulsaciones y con deberes por finalizar, salieron con calma, regresando cada uno a su puesto, custodiando el secreto que ella había decidido compartir.

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