miércoles, 29 de abril de 2009

Descanso


Aparcó el camión en la zona de descanso de la gasolinera, estiró las piernas y se acercó a la tienda a comprar unas chocolatinas, agua y alguna revista porno, lo básico para pasar esa noche durmiendo en el camión.
Cuando salía por la puerta un joven le llamó. Le preguntó si la revista era buena a lo que respondió que todas eran igual, pero que servían de inspiración. El joven le propuso algo mejor.

El conductor aguardó junto al camión hasta que llegó la pareja. La chica fue presentada y explicada su condición. Blusa ajustada, minifalda y sandalias de tacón. Sería exhibida para su disfrute pero el hombre sólo podría tocarla si su dueño le autorizaba. Aceptó.

La joven subió las escalerillas del camión, mostrando a los caballeros su sexo rasurado y desnudo. Abrió la puerta y quedó sentada en el asiento del acompañante. A continuación subió el joven, que la situó entre sus piernas, vendando sus ojos a continuación. El conductor rodeó el camión y se colocó frente al volante, cerrando la cabina con una cortina frente al parabrisas.

Botón tras botón, la blusa fue abierta y la piel exhibida, acariciando suavemente aquellos senos perfectos. El camionero abrió la bragueta y se comenzó a masturbar. Ella podía escuchar su respiración agitada en la oscuridad de su mirada. A continuación la falda fue retirada y su sexo y piernas quedaron al descubierto, bien abiertas y bien mojadas. Suaves caricias recorrieron su excitado cuerpo, introduciendo paulatinamente dedos en su ardiente coño.

El camionero cada vez se frotaba con más energía y antes de acabar pudo probar la tensión de los pezones de la muchacha, la suavidad de su piel. Terminó de inmediato y sin dejar de mirar se recreó en el juego de la pareja, con la chica cada vez más entregada buscando placer.

Cuando estaba en puertas del orgasmo, el joven ordenó al conductor meter suavemente su dedo en el sexo palpitante de ella, haciéndolo coincidir con la llegada del intenso placer. Ella se estremeció durante un tiempo, quedando rendida al final en brazos de su acompañante. Después la vistió y la hizo salir del camión, despidiéndose ambos del conductor y saliendo a continuación. Desde entonces aquél hombre no necesita de revistas para obtener inspiración.

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