miércoles, 8 de abril de 2009

Control


Inmovilizada a la silla, ojos vendados y pezones sujetos con pinzas. Piernas separadas con las bolas chinas vibratorias insertadas momentos antes, esperando su activación con el mando a distancia. Abrió la ventana y la luz dibujó su cuerpo en diagonal. Tal vez algún espectador con prismáticos podría verla, de tomarse interés, le susurraron al oído.

El hielo comenzó a gotear sobre su piel en lenta cadencia, excitando su cuerpo. Él activó la vibración y comenzó a sentir el calor ascender por su interior. La cabeza fue reclinada hacia atrás tirando de su pelo mientras era acariciada al tiempo. Tenía orden estricta de no alcanzar placer hasta que no le fuese expresamente autorizado, sin embargo, la estimulación era demasiado buena, demasiado intensa, la conocía bien.

Tras las gotas de agua helada, la cera fue cayendo por su piel. La combinación de sensaciones en la oscuridad de su venda la llevaban a correrse sin remedio y así avisó de su estado de excitación. Él presionó con más intensidad los pezones y con el mando a distancia cambió el modo de vibración, agitando más su deseo.
No recuerda cuanto tiempo estuvo en ese estado, tan cerca del orgasmo que sentía derramarse su humedad.

Fue liberada de venda y ataduras, colocada a cuatro patas junto a la silla para que observara la mancha en el asiento producto de su pasión. Llevada su cabeza al asiento, comenzó a lamer para limpiarlo, sintiendo aún en su coño el pálpito de la excitación. Quedó situada en esa pose y, erguida su cabeza tirando del pelo, penetrada por detrás. Cuando notó activarse al tiempo las bolas vibratorias adivinó que esta vez sería sometida con rigor, pero también que su placer no tardaría en serle autorizado, regalando su placer a quien se lo quería entregar..

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