jueves, 7 de mayo de 2009

Pupila


Impactante desde el primer momento. Parecía imposible que hubiera hecho un viaje tan largo dado su impecable aspecto. Bella, coqueta, conocedora de su encanto y orgullosa. Una quimera no desearla, lucha inútil no pretender modelar su destino.

Su primer encuentro dejó la impronta de lo que vendría después. Estaba cansada, irritable y él no se lo puso fácil, contemplándola con desdén, como cualquier otro objeto de los que decoraban la estancia. Perfecta en su berrinche, jugó con ella un rato más. Dejó más tarde que descansara.

En el siguiente encuentro comprobó que su instinto no había fallado sobre la esencia de aquella hermosa mujer. Puede que ni ella supiera que se había vestido de aquél modo para complacerle. Se pasó el día observándola, induciéndola a la trampa con pequeños detalles, estudiando cada una de sus respuestas sin dejar de ser amable pero sin dejar de tratarla con desdén.

Decidió que el siguiente encuentro sería en su casa, sin preguntar si ella accedía, sabía que sería incapaz de negarse. Supo que ella acudiría derrochando elegancia y su actitud más entregada. La cena estaba servida pero antes quiso volver a probarla, charlando indiferentemente pero impidiendo que ella hablara. Al principio trató de interrumpirle, a los pocos minutos bastaba un gesto para que siguiera callada. La situación la tenía tan confusa como excitada. Era imposible que aquel desconocido supiera su secreto en tan poco tiempo. Sin embargo, lo sabía.

Con elegante obediencia le siguió al salón. Vendó su mirada y la hizo sentar sobre la mesa, accediendo a cada instrucción en silencio, tan asustada como curiosa. Poco a poco, fue probando en su boca la cena que habían preparado para ella, degustando, respondiendo a las cuestiones que le planteaba, cayendo lentamente en sus redes, deseando continuar y saber qué vendría después. Su orgullo se había desvanecido sustituido por entrega que regalar.

Liberó sus ojos de la venda y la acompañó por la casa, conociendo otras estancias. En su alcoba se detuvieron, allí dormiría ella, sin más. Aceptó, imaginando que él también dormiría a su lado, mas no fue así, quedando sola.

Probablemente, en mitad de la noche temió en algún momento por lo que estaba a punto de iniciar pero a la mañana siguiente, cuando desayunó casi desnuda conocedora de que él no pediría nada sino que lo tomaría sin más, deseaba que aquél momento no tuviera final.

2 comentarios:

Ana dijo...

Touchè

Eva{A} dijo...

Hermoso, no puedo decir más.
Sueños, quimeras, reflejos…
Un beso

Publicar un comentario