El bastón separaba sus tobillos. La soga amarraba fuerte los extremos. De pie, desnuda en actitud desafiante, permanecía con las piernas separadas y en silencio. Recién rasurada para dejar testigo de su entrega, dejó su más sensible piel a su alcance. Las manos atadas a su espalda hasta el codo. Desde las muñecas, un grueso cordón de seda pasaba entre sus glúteos, abriendo la humedad del sexo, ascendiendo por su ombligo y ciñéndose a su garganta, impidiendo cualquier movimiento a riesgo de perder el control de la respiración. Quedó descartada la mordaza, puesto que pensó en utilizar su boca, antes o después. Además, quería escucharla mientras realizara la sesión. Sabía que ella no se contendría y que desafiaría cada petición.
Tiró de su pelo ligeramente hacia atrás al tiempo que azotaba sus nalgas. No se movió un ápice y su piel restañó en la estancia. Besó después lentamente el lóbulo de su oreja y el cuello, sabiendo que la mezcla de sensaciones la excitaba. Continuó brevemente azotando su trasero y espalda, hasta que logró arrancarle un gemido. A continuación se giró.
Frente a ella, lamió delicadamente los pezones, separó un poco el empapado cordón del sexo y la acarició. Notó que estaba preparada. Sujetándola por la garganta retiró su cabeza hacia arriba para que viera como iban cayendo las gotas de cera sobre su pecho desde una vela encendida. Gimió con cada lágrima de cera en su piel al tiempo que se excitaba. Cuando superó la prueba la vela se apagó.
Los pechos fueron rodeados del frescor del hielo dejando gotear y refrescar lo que antes fue presa del calor. Al mismo tiempo unas bolas vibradoras fueron alojadas en su interior. Como pareció disfrutar con esa sensación, fue de nuevo azotada, a lo que ella respondió con un alegato de resistencia y superación. Después colocó pinzas en pezones y en su coño, estirando de ellas o apretando para jugar en el límite del placer y del dolor. Finalmente, situó un pequeño vibrador entre el cordón y el clítoris y lo activó.
Dobló la cintura de pupila y apoyó su frente contra el cojín situado sobre el aparador. Separó el cordón lo justo para poder estimularla analmente al tiempo que sus dedos resbalaban en el sexo de ella. De las pinzas del pecho colgó una percha invertida y del gancho de la misma, el vestido que ella se acababa de quitar, aumentando la tensión en los pezones, la intensidad.
Incrementó el ritmo de estimulación y la velocidad del vibrador. Ella comenzó a notar debilidad en sus rodillas. Sabía que si cedía al placer sería su perdición puesto que, vencida, renunciaría a su resistencia al adiestramiento y complacería cualquier petición. Pero las sensaciones eran más fuertes que ella y con un profundo gemido entre jadeos se corrió, mojándose hasta las rodillas entre estremecidos espasmos.
Pasaron unos instantes hasta que recobró la calma, durante los cuales fue liberada con cuidado de cada elemento que estimulaba su piel. Fue llevada al baño y limpiada con agua cálida en su punto exacto, secada con un albornoz y devuelta a la habitación. Él no pronunció palabra, tan sólo la miraba. Ella reconoció su derrota escondiento la mirada, arrodillándose en actitud entregada, esperando órdenes que sabía serían complicadas pero con el calor de una enorme sonrisa en su interior.

1 comentario:
Joder, que sexy.
Vendré más a menudo por aquí, aunque la letra sea tan pequeñilla. ;)
Un besote!!!
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