jueves, 3 de septiembre de 2009

Secreto


Había transitado un buen camino en su modelado de perfección. Pocas pruebas, pensaba, quedaban por superar, cada vez más intensa, más convencida de hasta donde quería llegar. Alguna noche se regalaba un recreo de sí misma y vagaba con su ordenador a la deriva entre pornografía digital. Poco a poco, a medida que iba superando desafíos y experiencias, notaba como sus fantasías derivaban en todo aquello que aún quedaba por conocer, sintiendo al mismo tiempo un temor ante lo desconocido y una curiosidad que no paraba de crecer.

Muchas de aquellas noches se perdía en vídeos de rituales, ponygirls y otras actividades de dificultad. Pero, por algún motivo, tenía entre sus favoritos uno de sexo animal, algo que a nadie dijo, ni siquiera pensaba que llegaría a experimentar.

Pocas semanas después fue llevada a una fiesta en casa de unos amigos. La verbena nocturna comenzaba a pocos kilómetros en el pueblo y la mayoría se desplazó después de cenar. Ella recibió la orden de quedarse en casa recogiendo tras la cena y cuidando del perro familiar.

Ella finalizó sus tareas sin evitar fantasear. Pero al verle entrar supo que compartiría un nuevo ritual.
Tres copas de vino después estaba atada, los tobillos fijados a una silla, boca abierta, mirada vendada y gotas de vino deslizaban por su desnuda piel. Algo separaba sus muslos y unas pinzas adornaban su pecho. Tirando de su pelo la colocaron en la postura que debía estar. Poco a poco fue recibiendo castigo con una fusta en cada parte sensible de su cuerpo, humedeciéndose siempre más.

Su sexo quedó expuesto para ser utilizado. Esperaba que tras algunas húmedas caricias recibidas llegaría una profunda penetración, pero nada así sucedió. En cambio, escuchó ruidos confusos a su alrededor, jadeos apagados, no pudo saberlo con concreción. Sobre su sexo desnudo fue vertido algún tipo de crema tibia, tal vez miel, tal vez leche condensada. El tacto suave y el movimiento lento entre sus muslos hacían que palpitase su interior.

De repente, el tacto de una lengua mojada y rugosa apareció entre sus piernas. Pudo identificar el hocico fresco del can lamiendo alrededor. Por un segundo quedó tensa, para abrir más sus piernas a continuación. La sensación era por completo nueva, lasciva y le generó enorme excitación.

- Sólo de este modo podrás alcanzar hoy placer – le dijeron

Se fue situando más cerca de su inesperado compañero para ofrecerle lugares más adecuados que lamer mientras el otro mudo acompañante estiraba de las pinzas para estimular más sus pezones. La combinación del hocico húmedo, la lengua rugosa y el vaivén de sus pechos enloquecía sus sentidos. Seguidamente, fue desatada de la silla e incorporada un instante, para quedar sentada sobre las rodillas de su captor. Sin dejar tiempo a relajarse, la penetró suavemente por detrás, mientras dejaba que el perro lamiera despacio por delante. Apenas tuvo tiempo de pedir permiso antes de dejarse llevar. El placer inundó su cuerpo, sus muslos y el hocico del can, que se retiró una vez cumplido su trabajo. Mientras recobraba el resuello preguntó cómo era posible que hubiera descubierto su secreto. Le respondió que cada detalle de su esencia se reflejaba en su mirada y que no se relajara, pues la noche daba para someterla todavía más.

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