El coche se detuvo junto a la acera. Intentó abrir la puerta del acompañante pero estaba cerrada; esta vez iría detrás. Accedió al habitáculo y el vehículo arrancó, deteniéndose minutos después en un lugar solitario. El conductor pasó a la parte trasera y sin mediar palabra esposó las muñecas de la joven al asidero que había en el lateral del techo. A continuación vendó sus ojos, separó sus rodillas y volvió a ponerse al volante.
Imposible conocer donde estaban cuando el coche se detuvo. El conductor se apeó del vehículo y abrió la puerta trasera.
- Aquí está nuestro entretenimiento – dijo a alguien desconocido
- Me gusta – añadió una voz femenina – espero que haga honor a su fama
- No defraudará
Unas manos de mujer se deslizaron por su rostro, alcanzando el cuello, perdiéndose en el escote del vestido y recorriendo sus pechos. Le pellizcó los pezones por encima del vestido, empapando su entrepierna. Seguidamente, se sentó a su lado, esperando iniciar la marcha.
El viaje hasta el restaurante fue breve. Durante el mismo la acompañante acarició el sexo de la prisionera, excitándola y haciendo que se abriera más. Aprovechó el escote del vestido para dejar sus pechos al descubierto, lamiéndolos y mordisqueándolos, quien sabe si visibles al resto de conductores de la ciudad. Después se situó a horcajadas sobre ella y ordenó que sacara la lengua, llevando su pecho delicado a la boca de la prisionera, haciéndole lamer poco a poco, guiándola tirando del pelo.
Fue desatada y retirada la venda. La bajaron del coche. Su entrepierna mojada regaló escalofríos al andar. Entraron en el establecimiento y los otros comensales eligieron por ella, cenando después. Antes de los postres ambas damas fueron enviadas al baño, con órdenes expresas de hacer aquello que se le indicara. Juntas entraron en el servicio, cerrando la puerta tras de sí. Ella quedó de pie mientras la otra chica se sentaba en el inodoro.
- Retira los tirantes y deja caer tu vestido – le dijo mientras comenzaba a masturbarse ante ella. Así lo hizo, mostrando su cuerpo desnudo aún mojado y el vestido a sus pies
- Con las manos en tu cabeza, arrodíllate para darme placer – fue la nueva orden mientras la acompañante se acomodaba para ofrecer su sexo.
Ella lamió con dulzura, recreándose en la humedad de la otra mujer, sabiendo que examinaba sus habilidades y que daría parte de ella a su Señor. Un gemido ahogado reflejó que había cumplido su cometido.
- Eres buena, desde luego – admitió la desconocida – incorpórate
Se puso en pie, sorprendida por lo empapada que estaba tras haber sido juguete en manos de aquella mujer, algo que su compañera también advirtió, sonriendo. Antes de salir del baño la puso contra la puerta, separó sus piernas e introdujo un huevo vibratorio en su ardiente sexo.
- Esta noche buscaremos el límite de tu excitación
- Está bien – respondió
Regresaron a la mesa. Allí esperaba el postre. Mientras comía, sobre la mesa apareció un pequeño mando a distancia. Al activarlo el huevo comenzó a vibrar, estimulándola intensamente. Apenas podía comer, sentía el calor subir por su vientre, sus ganas de correrse casi irresistibles. Soltó la cuchara y apoyó las manos en la mesa, sin poder aguantarse. Bastó una indicación de su Señor para mantener el control.
Regresaron al coche. Esposada y vendada de nuevo, activada la vibración y estimulada con caricias, sin poder acabar, ahogando su inmenso deseo. Inesperadamente, la otra pasajera se apeó del vehículo, dejándole un beso en los labios.
- Yo vivo aquí – le dijo – ahora te espera el examen final
Tragó saliva mientras sentía como mojaba el asiento de atrás. Un rato después llegaron al hotel. Liberada de sus ataduras, cruzó el vestíbulo con el paso tembloroso, agitada por la vibración. Llegó el ascensor y entraron en él.
- Entrégame el vestido – le dijo. Lo hizo sin perder tiempo pero sin precipitación.
Nerviosa y excitada esperó a que se abriera la puerta del ascensor. Cuando ocurrió comenzó a caminar desnuda por el pasillo, sin mirar alrededor, como sabía que se esperaba de ella. Se detuvo ante la puerta. Esperó a ser invitada a entrar. Cuando lo hizo sintió de nuevo en su interior el huevo vibrar. Sin embargo, esta vez no sería para probar su resistencia sino para comenzar una noche de placeres sin final.

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