Sentada sobre sus muslos, acariciada, estimulada, sus pezones prendidos con pinzas, las manos anudadas a la espalda. Ardía de deseo.
- Quiero obtener placer esta noche, Señor
- ¿Qué entregarás a cambio?
- Todo – respondió entregada
- Lo comprobaré, ¿lo sabes?
- Haga su deseo
Separó más sus piernas. Comenzó a acariciar su sexo, tiró de su pelo para arquear su espalda y levemente de las pinzas para estimular su piel. Ella comenzó a gemir.
- Castígueme – susurró al notar que las caricias descendían en intensidad, esperando que ella entregara más
- Dame a elegir
- Azóteme, vierta cera sobre mi cuerpo, use mis mejillas
Él acarició su sexo y la penetró suavemente, excitándola más. Marcó la silueta de su mano en las nalgas de su propiedad, recibiendo por respuesta una petición de mayor intensidad. La penetró por completo y condujo los cuerpos a un suave vaivén mientras seguía estimulando su clítoris y estiraba de las pinzas.
- Más, por favor – pidió ella. Una bofetada marcó su mejilla
- Gracias Señor – dijo moviendo la cabeza para apartar la melena de su rostro y ofrecerlo claramente. Un nuevo castigo fue impuesto sobre su piel al mismo tiempo que era excitada al límite.
- Más - gimió mezclando deseo, desafío y dolor. Él prescindió de mayor castigo y aceleró la estimulación para regarla con la mayor intensidad de placer.
Cuando finalizó retiró con cuidado las pinzas, humedeciendo con sus labios ambos pechos para no dejar huella permanente en la piel. Desató sus muñecas y la tomó en brazos.
- ¿Hasta dónde habrías llegado? – quiso saber de ella
- Hasta desfallecer
- ¿Por qué? No tenías nada que demostrar
- Lo sé, pero cada vez que supero desafíos aumento la adicción hacia mí, sé que puedo dar lo que ninguna otra. Cada vez que me entrego, consigo tenerle más esclavo de mí.

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