martes, 31 de marzo de 2009

Inicios


- Esto no es una sesión, quiero que lo tengas claro. Sólo una evaluación
- Lo sé - quedando en pie ante él antes de iniciar la marcha

Caminaron a través del parque aunque ella sugirió pasar antes por una cafetería para ir al baño. No había tenido tiempo antes. Él ignoró la sugerencia y fue realizando las preguntas que le interesaba conocer. que fueron respondidas detallada y puntualmente. Alcanzaron un claro aislado con bancos por el que esporádicamente pasaba algún corredor vespertino.

Ordenó que se quitara el abrigo, dejando el vestido al descubierto. Ella se tomó su tiempo, ya que no sabía cómo le gustaría que lo hiciera. Finalmente trató de ser natural. La brisa primaveral erizó sus pezones y revolvió su pelo, adquiriendo una presencia aún más salvaje. Él la sentó entre sus piernas en un banco, reclinando su cabeza hacia atrás. Colocó las manos de ella a ambos lados, percibiendo su nerviosismo. Finalmente, tomó el vestido a la altura de las caderas y retiró la tela recogiéndola tras su espalda, dejándola sentada directamente sobre el banco.

- Separa las rodillas. Has desobedecido una orden directa – el cambio de tono la asustó. Sabía perfectamente a lo que se refería aunque no tenía la menor idea de cómo había podido averiguarlo sin haberla tocado. Intentó explicarse
- No sabía si podía confiar..
- Y realmente no puedes saberlo. Sin embargo has venido
- Sí – dijo ella con un hilo de voz
- Antes querías ir al baño, verdad?
- Sí.
- Pues hazlo, aquí y ahora – ella se estremeció – Ya que has decidido que puedes llevar ropa interior pese a que se te ha indicado lo contrario, podrás cumplir sin problemas lo indicado, gota a gota incluso.

Miró de reojo alrededor intentando que no se notara que lo hacía. Acatar esa orden era algo que otras veces había hecho pero nunca en un primer encuentro y menos aún sin quitarse la ropa interior. Se centró en relajarse y cumplir. Tras unos momentos de incertidumbre notó mojarse sus muslos y poco a poco escuchó el goteo de su propia intimidad deslizando por la madera del banco discretamente.

Al finalizar el mandato preguntó qué deseaba que hiciera a continuación. Él dejó que eligiera mantener la empapada prenda sobre su piel o dejarla enlazada al banco. Ella optó por la última opción. Seguidamente se le ordenó asearse utilizando sus propios dedos y su lengua, dejando impecable su sexo. Cada petición era un nuevo reto. Con dos dedos pasando de su boca a su cuerpo, secando con el reverso de su mano la piel y tratando de complacer a la vez que cumplía la tarea, acabó.

- Incorpórate – así lo hizo – puedes ponerte el vestido y marcharte. Continuaremos cuando sepas obedecer
- Por favor, quisiera continuar
- Hoy no. Vuelve a casa. Si parezco intransigente no tienes porqué volver a tener contacto conmigo
- Quisiera volver a ser entrevistada. Sé que lo puedo hacer mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho tu blog, lo he leído todo, seguro que seguirá siendo muy interesante.

besos

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