Desnuda.
Venda en los ojos.
Tapones en los oídos.
Objetos separando manos y pies con ligaduras para mantenerla cautiva.
Se había saltado las clases para entregarse rendida. Esta vez no era un juego sino verdad.
No pudo ocultar cierto nerviosismo al inicio pese a que comenzaba con caricias y estimulación. Tampoco hacía demasiada falta porque se notaba empapada.
Con la entrepierna bien abierta y a cuatro patas se combinaban en la oscuridad de su mirada las caricias húmedas entre sus piernas con la felación enérgica, profunda hasta casi la arcada a pesar de su habilidad para esa técnica. Su piel comenzaba a recibir el azote de una cuerda o suave látigo cuyo material no pudo precisar. Suave dolor compartiendo abuso con su boca y caderas.
La sacudida violenta de la penetración provocó aumento repentino en su excitación. Tomada del pelo y oprimida su garganta cabalgaba sin remedio al placer. No era momento todavía. Volvió a saborear en la boca la carne del deseo hasta la garganta llevada del cuello y de la melena. Algo vibraba de manera suave y rítmica entre sus muslos haciendo que goteara literalmente de humedad. Estaba preparada. Necesitaba sentirlo y adivinaron sus anhelos.
Sujeta por las caderas y el pelo recibió un envite tras otro hasta fundirse ambos en unísono placer, regada ella, empapado él, marcada su esencia con el símbolo de su propiedad.
Tardó varios minutos en recuperar el aliento y ser liberada de ataduras y vendas. El entreacto de caricias y ternura tumbada sobre las sábanas manchadas alcanzó hasta que su espalda volvió a arquearse para invitar a usarla una y otra vez. Apenas un preludio de sesión donde abandonarse al placer en un mar de almohadas.

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