miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hotel

Noche de verano, calor agradable, nada pegajoso como días antes. Sobre la cama, el atuendo seleccionado. Delicada gargantilla negra, tacones de aguja del mismo color y vestido corto azul. Ni rastro de lencería, cosa que ya esperaba.

Vestida y maquillada, se sorprendió de no serle ordenado llevar algún juguete puesto con el que ser estimulada durante el paseo.
Ya en el restaurante, comprobó que el vestido se remangaba al menor movimiento. Sin embargo, sabía que debía permanecer con las rodillas separadas lo suficiente para ser exhibida, lo que le procuraba una mezcla de temor y excitación tan característica. Frente a ella, afortunadamente, cenaba una pareja de gays. Al acabar la cena, uno de los comensales frente a ella se acercó y le susurró algo a su acompañante. El comentario fue un simplemente preciosa, enhorabuena. Cuando le fue transmitido, se ruborizó unos instantes.

El paseo posterior fue tranquilo y tras unas copas y sentir alguna caricia entre sus muslos, regresaron al hotel. Al entrar en el ascensor con otras dos parejas, se situó tras su acompañante, junto a su hombro. Percibió la humedad que la inundaba mientras entraba en su coño un dedo suavemente, al tiempo que un pulgar acariciaba certeramente su clítoris, alterando su respiración y teniendo que ahogar un gemido. El ascensor avanzaba demasiado despacio para ella, que notaba que acabaría por correrse de un momento a otro entre aquellas personas.

El ascensor se detuvo y salieron al tiempo las otras dos parejas, dejándolos solos. Él no dijo una sola palabra tras cerrarse las puertas y siguió jugando entre los muslos de su propiedad, acercándola más al límite cada segundo. Cuando se detuvo el ascensor de nuevo, salieron al pasillo y ella intuyó que estaban en una planta ajena a la suya. Un piso más abajo, comprobó.

Él abrió la puerta auxiliar y comenzó a subir las escaleras, sin dar explicaciones. Ella le siguió en silencio.
Tras el primer tramo de escaleras, se giró hacia ella y la tomó de las muñecas, llevándola contra la pared. Seguidamente, liberó sus manos pero ella las dejó a su espalda. Él se abrió el pantalón y la penetró enérgicamente, con una embestida seca que volvió a regar su entrepierna y llevó su cabeza hacia atrás, lo que fue aprovechado para que la tomaran de la garganta. Apenas pudo soportar la sensación de excitación y de inmediato, con un susurro, rogó poder correrse. Ya no podía aguantarse más. Pidió una segunda vez permiso, con las sensaciones al límite y apenas cuando ya recorría el hormigueo del placer el camino entre su vientre y su nuca, le fue concedido. Se derramó entonces con un jadeo intenso, dejando caer su cuerpo casi inerte sobre el de su acompañante, apenas sostenida en los tacones. Sabía que por haberse corrido tan pronto sería sometida a más juegos durante la noche, pero nada le resultaba más intenso que entregarse a complacer.

1 comentario:

Bella dijo...

Ya extrañaba pasar por estos lados... Siempre buena y gustosa lectura que no deja de empapar...Gracias por regalarnos mas de todo esto. No deje de escribir.
Mis respetos.

bella.

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