lunes, 13 de febrero de 2012

La cafetería

La tradición manda que el café tras la comida se haga en la cafetería a dos pasos de la empresa. Sin embargo una vez fue distinta a todas. Al lado de nosotros, sentados en la barra, una pareja tonteaban con la nata del café. A ella se la veía más directa, él intentaba no perderse el juego. Puede que pensaran que nadie se daba cuenta o puede que lo contrario pero en un momento ella se contoneó en el taburete maniobrando bajo su vestido y lanzó al otro una prenda de ropa interior. Por un instante cruzó su mirada con la mía, intensa.

Al poco tiempo el tipo hizo una llamada y salió del local. Frente a mí quedó la chica, jugando con la cucharilla y mirando otra vez. Bajé la cabeza un poco, como queriendo mirar entre sus rodillas, mirándola fijamente. Seguía sin apartar la mirada balanceando las rodillas.

Puse la mano a la altura de mi cintura y señalé hacia sus rodillas con dos dedos juntos, separándolos lentamente hasta dibujar una V. Su reacción no se hizo esperar. Separó un poco las piernas, suficiente para intuir pero desde mi sitio insuficiente para ver bien.

El chico entró aún hablando, de manera que se colocó entre nosotros impidiendo ver nada más. Volví a cazar su mirada y con la mía apunté hacia su espalda donde estaba la puerta del baño. Giró la cabeza para mirar y luego volvió a mirarme, sin tanta seguridad en sí misma esa vez.

Volvió a sonar el teléfono del chico y anuncié a mis camaradas que iba al baño. Pasé junto a ella, esperando su reacción. Supe al cruzar la puerta que seguía mis pasos. Esperé a que llegara a medio entrar en el baño de caballeros. Abrió ella la puerta de acceso y miró atrás. Cerró después. Con un gesto hice que me siguiera, no había nadie.

Entramos en un cubículo cerrando por dentro. Ella iba a decir algo pero lo impedí poniendo un dedo en su boca. Hablaría yo. No tenía miedo, se quedó sin cruzar los brazos, sin protegerse. Desde los labios, recorrí con un dedo su barbilla, garganta y pasé entre sus pechos y cintura y llegué a sus caderas siguiendo la tela del vestido. Cuando acabó, llevé los dedos al interior de sus muslos y ascendí lentamente, susurrando a su oído lo obediente que era y lo excitada que se la veía por la situación. Antes de llegar a su coño ya sentí su humedad. Después llegué a rozar su piel, abriendo ella más las piernas, entrando de manera suave y natural en su coño entre apagados gemidos, se aferraba a mi brazo no para separar mi mano sino para apretarla más.

Saqué los dedos de su coño y se los hice limpiar con la boca. Ella buscó la mía con sus labios pero me aparté. Antes de eso quise saber si volvería a verla. Ella negó con la cabeza, si volvía estaba perdida, decía. Le gustaba demasiado la instrucción. Abrí entonces la puerta del baño para asegurarme de que no hubiera nadie. Dejé que saliera delante de mí y esperé unos segundos para salir yo. Cuando lo hice ya no estaba. Todavía recuerdo su respiración. Nadie la ha visto aparecer por el local desde entonces, honra su palabra.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante y estimulante relato! Gracias por este gran motivo de fantasía para el deseo...

Anónimo dijo...

Interesante y estimulante relato! Gracias por dar estímulos a mi fantasía del deseo...

Publicar un comentario