No parecía asustada. El primer gesto dejó una brillante sonrisa mientras que para el segundo reservó postrarse a cuatro patas una vez atravesado el umbral. Desnuda y con un collar en su garganta caminó de la correa para reconocer las estancias, guiada por el adiestrador. Encontró un rincón adecuado en el balcón donde poder reposar entre paseos mientras esperaba las instrucciones que cumplir, pero tendría que ser en otro momento, acertó a entender. De momento, el paseo continuaba sin perder mucho tiempo en detalles.
Al final del recorrido ya conocía todos los rincones que debía. Regresó al salón donde en el suelo aguardaba el recipiente para poder alimentarse. Estaba sedienta y se lanzó a lamer el contenido. La mascota probó sin cautela el menú elegido mientras el domador comprobó que meneaba las nalgas como si fuese el rabo de un mastín, mojando su entrepierna conforme pasaba la mano del entrenador por su grupa. Por el momento no debía hacer otra cosa que lamer delicadamente el recipiente y el contenido mientras su calidad era puesta a prueba primero usando caricias, luego con azotes y más tarde masturbada y sodomizada manteniendo intacta su actitud. Olvidó hablar a tiempo para advertir que se corría, lo que costó recibir nuevos azotes que no parecieron ser motivo de queja.
Como toda perra de paseo fue llevada a mear cuando acabó su alimento. Aprendió a degustar entonces los fluidos de su adiestrador lamiéndolos y tragándolos hasta saciarse como recompensa. Volvió a sentir la sensación de placer en la última parte del paseo y regresó a sus cuestiones cotidianas, recogiendo la ropa camino de la calle sin perder un ápice de humedad.
Al final del recorrido ya conocía todos los rincones que debía. Regresó al salón donde en el suelo aguardaba el recipiente para poder alimentarse. Estaba sedienta y se lanzó a lamer el contenido. La mascota probó sin cautela el menú elegido mientras el domador comprobó que meneaba las nalgas como si fuese el rabo de un mastín, mojando su entrepierna conforme pasaba la mano del entrenador por su grupa. Por el momento no debía hacer otra cosa que lamer delicadamente el recipiente y el contenido mientras su calidad era puesta a prueba primero usando caricias, luego con azotes y más tarde masturbada y sodomizada manteniendo intacta su actitud. Olvidó hablar a tiempo para advertir que se corría, lo que costó recibir nuevos azotes que no parecieron ser motivo de queja.
Como toda perra de paseo fue llevada a mear cuando acabó su alimento. Aprendió a degustar entonces los fluidos de su adiestrador lamiéndolos y tragándolos hasta saciarse como recompensa. Volvió a sentir la sensación de placer en la última parte del paseo y regresó a sus cuestiones cotidianas, recogiendo la ropa camino de la calle sin perder un ápice de humedad.

2 comentarios:
Te encontre jejeje... con permiso te sigo..
Un abrazo y felic fiesta..
Ni la humedad, ni la sonrisa... supongo :D
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