miércoles, 30 de marzo de 2011

Paseos húmedos

Cuando era pequeña tenía un nudo en la barriga antes de cada situación imprevista. Aquella tarde volvía a sentir lo mismo mientras esperaba bajo la lluvia a ser recogida para llevarla a algún lugar desconocido, a pesar de que tomarse la tarde libre había resultado más sencillo de lo que esperaba cuando entró en el despacho del director.

Sentada junto al chófer, se sentó conforme a las normas impuestas y tomó del asiento las bolas anales con las que recorrió su interior. Tras un breve trecho en que se fue humedeciendo por todas partes el conductor detuvo el automóvil. Ella miró el contorno, observando el paraje industrial empapado por la fuerte lluvia que descargaba y dejaba el cielo completamente oscuro, con camiones que pasaban de rato en rato. Se desprendió de todas sus prendas excepto el calzado y quedó a la espera de instrucciones.

Apenas se esperaba las intenciones de su acompañante. La ordenaron pasar al asiento de atrás a recoger un paraguas, salir del vehículo e ir a la puerta del conductor a recogerle, evitando mojarle mientras ella paseaba desnuda alrededor. Estremecida con la mezcla del miedo y deseo titubeó antes de ponerse en marcha, consciente de que algún vehículo pasaría por la calle mientras cumplía. Afortunadamente hacía menos frío que días precedentes pero aún así toda su piel comenzó a erizarse. Con paso firme y altivo rodeó el coche y abrió la puerta del conductor, esperando a que saliera y preguntándose dónde la llevaría completamente desnuda sin atreverse a mirar alrededor.

Él tomó el paraguas a la vez que hizo gesto de quererla arrodillada, dejando que la lluvia cayera sobre su piel. Instintivamente, besó los pies que habían quedado a la altura de su boca mientras separaba las rodillas y se acariciaba para el deleite de quien la miraba. Ensimismada en su tarea, olvidó que la lluvia escurría sobre sus pezones, sus nalgas y espalda, dedicada por entero a complacer. Su dedicación tuvo premio, pudiendo lamer el sexo que desde el asiento del conductor se la ofrecía, haciéndolo con su presteza conocida hasta saborear cada gota en su boca.

Con el trabajo finalizado, recuperó el paraguas y regresó con mismo paso orgulloso al asiento de atrás, donde encontró una toalla y su vibrador favorito. Por un momento estuvo tentada de usarlo pero esperó a conocer los planes del chófer, que imaginaba que serían mucho más placenteros al tiempo que la harían odiarle y desearle por igual.

1 comentario:

duir{AF} dijo...

mis respetos....

impresionante blog.

muchas felicidades!

duir{AF}
http://duiraf.blogspot.com/

Publicar un comentario