Kylie Minogue acariciaba con su voz las paredes del oscuro local con sus lovers. Al tiempo, cientos de cuerpos explotaban ritmo y gotas de sudor, pegada la ropa a la piel, dibujando cada curva, cada contoneo. En mitad de la pista, flanqueada por bailarines de torso desnudo y brillante, como colofón decorativo a los altavoces de la sala, fue situada para que diera rienda suelta a su instinto animal.
Volando sobre los tacones, se movía con esa cadencia sensual, pegada a la piel del otro, sabiendo seducir. Él giró su cuerpo y se situó detrás, tomando su cintura con una mano y otra ascendiendo por su pecho desnudo tras la lycra de la camiseta, ciñendo su garganta y su pelo al final. Entre el calor del local, la penumbra, el tacto y la estimulación, entre sus muslos se cocinaba una intensa humedad.
Él colocó un objeto en su mano. Ella reconoció la bola vibratoria y sin dejar de bailar, aprovechando el vuelo de la minifalda y flexionando ligeramente las rodillas, no tuvo problema en introducirla en su interior. Él activó el mando a distancia y la sumergió en un torbellino de excitación.
Cerraba los ojos y por momentos sentía que flotaba, apretando al otro contra su cuerpo, llevándole a estrechar su garganta de nuevo, a demostrarle que era suya. Poco a poco otra joven fue acercándose a ellos y acabó pegada a su pelvis, bailando al mismo son. Él se acercó a la chica y susurró algo. Siguieron bailando, cada vez más lentos, cada vez más juntos los tres. La chica comenzó a acariciar su cintura, ascendió por el talle y la tomó del cuello, besándola profundamente. Ella se dejó hacer, puesto que su dueño nada impedía, mojándose al sentir la ternura de la otra boca, la jugosa lengua recorriendo su labio inferior, mordiendo su cuello.
Poco a poco, entre caricias sutiles entre los muslos y algún beso más, abandonaron la pista de baile, refugiándose en un rincón. La tomaron de la mano y la sacaron del local, llevándola al coche. Sentada en el asiento de atrás, vendaron sus ojos. Él comenzó a conducir, quedando la chica a su lado. En plena oscuridad, sintió como un susurro la desnudaba. La otra chica anunciaba que le habían concedido el uso del mando a distancia con el que estimular su ardiente sexo y que pensaba utilizarlo a conciencia. Desprendida de ropa, abierta de piernas, atadas las manos a la espalda y marcando en los respaldos de los asientos delanteros cada zapato de tacón, comenzó a ser comida su entrepierna, a sentir la vibración de las bolas y a intuir la mirada del conductor a través del espejo retrovisor. En manos de una desconocida mujer, escuchó cómo se ordenaba que fuese estimulada, pellizcada, besada, mordida, usada y follada hasta que se derritiera de placer.
Volando sobre los tacones, se movía con esa cadencia sensual, pegada a la piel del otro, sabiendo seducir. Él giró su cuerpo y se situó detrás, tomando su cintura con una mano y otra ascendiendo por su pecho desnudo tras la lycra de la camiseta, ciñendo su garganta y su pelo al final. Entre el calor del local, la penumbra, el tacto y la estimulación, entre sus muslos se cocinaba una intensa humedad.
Él colocó un objeto en su mano. Ella reconoció la bola vibratoria y sin dejar de bailar, aprovechando el vuelo de la minifalda y flexionando ligeramente las rodillas, no tuvo problema en introducirla en su interior. Él activó el mando a distancia y la sumergió en un torbellino de excitación.
Cerraba los ojos y por momentos sentía que flotaba, apretando al otro contra su cuerpo, llevándole a estrechar su garganta de nuevo, a demostrarle que era suya. Poco a poco otra joven fue acercándose a ellos y acabó pegada a su pelvis, bailando al mismo son. Él se acercó a la chica y susurró algo. Siguieron bailando, cada vez más lentos, cada vez más juntos los tres. La chica comenzó a acariciar su cintura, ascendió por el talle y la tomó del cuello, besándola profundamente. Ella se dejó hacer, puesto que su dueño nada impedía, mojándose al sentir la ternura de la otra boca, la jugosa lengua recorriendo su labio inferior, mordiendo su cuello.
Poco a poco, entre caricias sutiles entre los muslos y algún beso más, abandonaron la pista de baile, refugiándose en un rincón. La tomaron de la mano y la sacaron del local, llevándola al coche. Sentada en el asiento de atrás, vendaron sus ojos. Él comenzó a conducir, quedando la chica a su lado. En plena oscuridad, sintió como un susurro la desnudaba. La otra chica anunciaba que le habían concedido el uso del mando a distancia con el que estimular su ardiente sexo y que pensaba utilizarlo a conciencia. Desprendida de ropa, abierta de piernas, atadas las manos a la espalda y marcando en los respaldos de los asientos delanteros cada zapato de tacón, comenzó a ser comida su entrepierna, a sentir la vibración de las bolas y a intuir la mirada del conductor a través del espejo retrovisor. En manos de una desconocida mujer, escuchó cómo se ordenaba que fuese estimulada, pellizcada, besada, mordida, usada y follada hasta que se derritiera de placer.

2 comentarios:
Un modo estupendo de terminar una noche de baile.
Magnifico.
Suscribo lo dicho... Deluxe amigo..Dulce dulce x)__ muy dulce..
Saludos !
Publicar un comentario