La cafetería estaba menos bulliciosa que de costumbre, probablemente por el verano. Terminaba con calma el batido de frutas cuando apreció la señal. Llegaba la sesión antes de lo esperado.
Recibió la orden de retirar sus complementos. Comenzó por los pendientes, la pulsera después y el reloj para terminar. Lo depositó en la mesa antes de serle ordenado guardarlo en el bolso. Sentía como el pulso se le aceleraba. Tras eso vendrían las bragas. Cuando se lo ordenaron entendió el motivo por el que le había dejado elegir sitio y ella, inocentemente, se había colocado hacia donde más gente había y ahora podría ver la tarea. Sin embargo, el reto la excitó más.
Con la mayor naturalidad que fue capaz y tratando de no mirar alrededor para no levantar sospechas cumplió el desafío, ayudándose de una simulada caída de la servilleta para recoger la prenda, que entregó a su Señor. Después, salieron del café.
El tacto del vestido se había hecho diferente al ir sin ropa interior y más notorio cuando percibió caricias sobre su nalga, recorriéndola quien antes la había azotado en privado. Entraron en el cine, que a esas horas de la madrugada apenas contaba con dos docenas de almas apiñadas en la platea, cortesía de la informática del local. Poco a poco se fue diluyendo la masa, unos en busca de palomitas, otros hacia filas superiores en busca de intimidad.
Con el hormigueo de la excitación previa, ella se acomodó en la butaca, evocando los instantes anteriores. Minutos después de comenzada la película, el público ya había centrado la atención en la pantalla y ellos estaban en un discreto y elevado lugar.
- Entrégame el vestido – susurró
La adrenalina desbordaba cada poro de su piel. No pudo evitar mirar a los lados, por lo que fue castigada después. Tras el acto reflejo, se desnudó, quedando únicamente con las sandalias de tacón en la butaca. Separó las piernas y se recostó, esperando ser utilizada y mojando el asiento. Los dedos de su dueño resbalaban entre sus muslos y la estimulaban más y más. Cuando pensó que sería utilizada de ese modo le dieron nuevas instrucciones.
- Túmbate en el suelo, piernas separadas y junto a mí.
Con una leve caricia podría haberse corrido en ese mismo instante. El juego de control en público era lo más intenso, sabiendo que en la oscuridad la otra parte controlaba cada detalle para que no tuviera que pensar en nada. Se agachó antes de tumbarse, quedando expuesta al juego, viendo el techo de la sala iluminado por el haz de la película, imaginándose observada.
Él comenzó a acariciarla con un pie desnudo por el vientre, el pecho e introdujo el dedo gordo en su boca, que ella saboreó con deleite. Regresó así, humedecido, a recorrer su piel hasta depositarse suavemente en el sexo, estimulando levemente cada rincón y acabando introducido en el empapado coño con suavidad. En ese momento fue autorizada a acariciarse el clítoris con una mano, mientras con la otra pellizcaba sus pezones y se movía al compás que le marcaba su dueño con el pie.
Unos segundos bastaron para alcanzar el umbral del placer. Le miró buscando su aprobación para poder correrse, cosa que le fue permitida. Los espasmos de placer tumbada en el suelo se sucedieron durante unos instantes, quedando el pelo sobre la frente y la respiración agitada. Él retiró el dedo de su interior y permitió que con su boca ella lo limpiara. Tras eso, podía disfrutar de la película como gustara. Ella eligió hacerlo desnuda, arrodillada y entre las piernas de su Señor, saboreando su sexo y el calor de su néctar, apoyando la cabeza en sus piernas al final, aguardando a que le ordenaran vestirse o ser de nuevo utilizada.
Recibió la orden de retirar sus complementos. Comenzó por los pendientes, la pulsera después y el reloj para terminar. Lo depositó en la mesa antes de serle ordenado guardarlo en el bolso. Sentía como el pulso se le aceleraba. Tras eso vendrían las bragas. Cuando se lo ordenaron entendió el motivo por el que le había dejado elegir sitio y ella, inocentemente, se había colocado hacia donde más gente había y ahora podría ver la tarea. Sin embargo, el reto la excitó más.
Con la mayor naturalidad que fue capaz y tratando de no mirar alrededor para no levantar sospechas cumplió el desafío, ayudándose de una simulada caída de la servilleta para recoger la prenda, que entregó a su Señor. Después, salieron del café.
El tacto del vestido se había hecho diferente al ir sin ropa interior y más notorio cuando percibió caricias sobre su nalga, recorriéndola quien antes la había azotado en privado. Entraron en el cine, que a esas horas de la madrugada apenas contaba con dos docenas de almas apiñadas en la platea, cortesía de la informática del local. Poco a poco se fue diluyendo la masa, unos en busca de palomitas, otros hacia filas superiores en busca de intimidad.
Con el hormigueo de la excitación previa, ella se acomodó en la butaca, evocando los instantes anteriores. Minutos después de comenzada la película, el público ya había centrado la atención en la pantalla y ellos estaban en un discreto y elevado lugar.
- Entrégame el vestido – susurró
La adrenalina desbordaba cada poro de su piel. No pudo evitar mirar a los lados, por lo que fue castigada después. Tras el acto reflejo, se desnudó, quedando únicamente con las sandalias de tacón en la butaca. Separó las piernas y se recostó, esperando ser utilizada y mojando el asiento. Los dedos de su dueño resbalaban entre sus muslos y la estimulaban más y más. Cuando pensó que sería utilizada de ese modo le dieron nuevas instrucciones.
- Túmbate en el suelo, piernas separadas y junto a mí.
Con una leve caricia podría haberse corrido en ese mismo instante. El juego de control en público era lo más intenso, sabiendo que en la oscuridad la otra parte controlaba cada detalle para que no tuviera que pensar en nada. Se agachó antes de tumbarse, quedando expuesta al juego, viendo el techo de la sala iluminado por el haz de la película, imaginándose observada.
Él comenzó a acariciarla con un pie desnudo por el vientre, el pecho e introdujo el dedo gordo en su boca, que ella saboreó con deleite. Regresó así, humedecido, a recorrer su piel hasta depositarse suavemente en el sexo, estimulando levemente cada rincón y acabando introducido en el empapado coño con suavidad. En ese momento fue autorizada a acariciarse el clítoris con una mano, mientras con la otra pellizcaba sus pezones y se movía al compás que le marcaba su dueño con el pie.
Unos segundos bastaron para alcanzar el umbral del placer. Le miró buscando su aprobación para poder correrse, cosa que le fue permitida. Los espasmos de placer tumbada en el suelo se sucedieron durante unos instantes, quedando el pelo sobre la frente y la respiración agitada. Él retiró el dedo de su interior y permitió que con su boca ella lo limpiara. Tras eso, podía disfrutar de la película como gustara. Ella eligió hacerlo desnuda, arrodillada y entre las piernas de su Señor, saboreando su sexo y el calor de su néctar, apoyando la cabeza en sus piernas al final, aguardando a que le ordenaran vestirse o ser de nuevo utilizada.

4 comentarios:
...mmmm...
He tenido que poner el venilador a toda potencia y seguramente tenga que hacer algo más...
Pasión, devoción, sumisión... que más se puede pedir?
Gracias por hacerme vibrar.
que puto morbazo no? x)___ Me ha encantado, sencillamente eso me has enganchado y quiero más en esta misma línea x)_
Saludos y gracias por pasarte por mi rinconcito :)
No tengo duda alguna, la película que he visto, gracias a tu invitación, es muy buena. Me ha encantado.
Un beso desde mi Jardín.
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