martes, 6 de abril de 2010

Orgullosa

Cena para dos. Eran las únicas indicaciones. Quiso asombrarle, utilizando su mágica receta de carne al horno. Acabó de cocinar, preparó la mesa y se vistió para la ocasión. Blusa de seda ligeramente desabotonada. Falda de tablas y sandalias de tacón, esas eran las únicas prendas que rozaban su piel. Sonó el timbre, confirmando la llegada del invitado. Abrió el pomo de la puerta y se arrodilló a sus pies. Hizo que se incorporase y paseó por la estancia, aprobando el gusto por el detalle de la esclava.

Le acompañó hasta la mesa y quedó en pie, esperando instrucciones. Él comprobó la correcta disposición de alimentos y cubiertos, sentándose después. A continuación, tomó el plato de ella, rellenándolo de una generosa ración de carne y ensalada. Ella iba a tomar asiento cuando fue detenida. Su plato fue depositado en el suelo, junto a los pies de su Señor. Una mezcla de rubor y excitación recorrió su espalda.

Cenarás desnuda y aquí - le dijo mientras recibía el calor de la humillación en sus mejillas.
Gustaba dejarse moldear, ser adiestrada y utilizada, pero nunca había sido usada de ese modo sin mediar castigo o azote. El pulso se desbocaba mientras la ropa iba cayendo al suelo.


Cada bocado fue cuidadosamente vigilado, tomándolo del plato cual mascota fiel, ensuciando su boca, sin utilizar las manos. Mientras comía notó como la humedad en su coño, resbalando gotas de lujuria entre sus muslos. Se preguntaba cómo era posible aquella reacción pero al mismo tiempo sabía la respuesta.

Terminó lamiendo el plato y aguardando instrucciones. Colocada a cuatro patas, descalzó y besó los pies de su Señor para mostrar obediencia. A continuación tomó uno de los dedos y se recreó lamiéndolo. Él decidió utilizar el dedo mojado para alojarlo en el sexo de ella, acariciando hábilmente su clítoris y deslizando suavemente en su interior. Ella gimió dulcemente, empapándose los muslos y recreándose en la situación. Él le colocó una correa alrededor de la garganta y la sacó del salón.

Atada a una pata de la cama, seguía a cuatro patas, recibiendo caricias y azotes en sus nalgas. Le introdujo un plug anal y bolas chinas en el interior. Un vibrador quedó en el suelo.

Túmbate sobre el vibrador y mastúrbate. Tienes dos minutos para correrte. Si lo logras, recibirás placer el resto de la noche. En caso contrario aguardarás tres noches más. Es tu única oportunidad.

Tumbada en el suelo, abierta de piernas y situada sobre el vibrador, lo puso en funcionamiento imaginando la visión que desde arriba tendría su Señor. Le sobraron veinte segundos del plazo, que dedicó a ponerse a cuatro patas de nuevo, limpiar el vibrador con su boca y devolverlo a su propietario.

A continuación, le colocaron pinzas en los pezones y lentamente gotas de cera cayeron por su espalda, recibiendo al mismo tiempo en su coño caricias de excitación, corriéndose una vez más. Subió a la cama a continuación y tirando de su pelo la penetró con suavidad al inicio, con vigor después. Inevitable volverse a correr.

Exhausta, pudo elegir dónde deseaba dormir. Con mirada altiva, rechazó la comodidad del colchón junto a su dueño y se acomodó en el suelo. Él preguntó el motivo de su decisión, puesto que no tenía queja de su actitud. Ella respondió que si deseaba el tacto de su piel calentando el lecho, se lo tendría que ordenar.

3 comentarios:

Maya dijo...

Después del sueño de anoche y ahora esto..creo que ya puedo ir a tocarme tranquila..demasiadas perversiones x)_______

Cass dijo...

Extenso pero delirante. Deliro, quiero decir. Deliro de placer.

Larme dijo...

Que relatos más exquisitos. Creo que voy a pasar una tarde muy interesante poniéndome al día con ellos.

Saludos

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