Cómplice, solícita, la mejor perra. Así dijo que sería si le daba la oportunidad, por encima de sus ataduras, buscando ansiosamente complacer. Ahora tenía que demostrar que sus palabras no eran vanas. Abrió el paquete y extrajo el pequeño terminal. En él, cada cierto tiempo, recibiría las instrucciones que debía desempeñar en las futuras horas. Nada más conectarlo, recibió el primer mensaje.
Para el siguiente amanecer a la lectura de este mensaje, la indumentaria que lucirás será como sigue: Comenzarás por hidratar tu piel tras la ducha, colocándote a continuación tanga de tono negro transparente. Otra prenda similar irá a parar a tu bolso. Acompañarás la lencería inferior con un sujetador de apertura frontal y tacto transparente, para que tus pezones perciban el vaivén de tus pasos al caminar.
Ella se preguntaba el motivo de llevar lencería de repuesto, si acaso sería para someterla a castigo o romper la prenda, cosa que tanto excitaba, pero se quedó imaginando el roce de su pecho sobre la ropa, los pezones duros a la espera de ser pellizcados.
Te vestirás a continuación con blusa negra y falda ajustada pero suficientemente elástica como para poder jugar en tu interior. Aderezarás el conjunto con el calzado adecuado de alto tacón y prescindirás de otros complementos sobre tu piel. Por último, usarás abrigo largo.
Ella fue preparando cada elemento en el mismo orden en que leía el mensaje.
En el bolso, aparte de la lencería y tus habituales bolas chinas, dejarás dos pinzas de la ropa, que al final del día reposarán en tu cajón laboral.
Con el tiempo justo, por recrearse en la situación, salió de casa y encaró el atasco antes de poder tomar la autovía que la llevaba a su ocupación profesional. Mientras esperaba en un semáforo, el terminal se activó.
De camino al trabajo repostarás en una gasolinera, vestida sin lencería (que dejarás en el bolso) ni falda, que retirarás antes de salir del coche. Usarás el abrigo y tu comportamiento será por completo natural. Al regresar, tomarás las bolas y, una vez retomes el camino, alternarás entre jugar con las bolas en el coño y acariciarte mientras conduces, saboreando tus dedos con la boca.
A pocos metros del desvío a su oficina halló la gasolinera. Aparcó inicialmente en la zona de descanso para desvestirse y después continuó hasta el surtidor. Se colocó el abrigo en el coche, no sin dificultad y salió a repostar. La brisa de la mañana se enredó entre sus muslos y refrescó el sexo empapado. No quiso mirar a ninguna parte, temía que alguien se fijara en desnudez disponible. Finalizó la tarea y tras abonar el repostaje salió orgullosa y con paso firme de allí, con las piernas chorreando por superar el reto. Al entrar en el vehículo tenía otro mensaje.
Cuando llegues al trabajo puedes colocar la falda, nada más. Después, en tu sitio, guardar las pinzas en un cajón y permanece con falda, blusa y sin lencería hasta que se te indique qué hacer, sintiendo el roce de tus pezones en la blusa y la desnudez del resto de tu piel.
Obedeciendo en cada extremo, se pasó el día aguardando la siguiente instrucción. La mañana transcurría y miraba compulsivamente el terminal, esperando el siguiente escalón a superar. Pero nada ocurría más allá del tacto de su pecho en el escote y su humedad interior. Finalmente, cerca del mediodía, un mensaje llegó. Ella sonrió y miró su reloj. Si comía algo rápido tendría tiempo de sobra para sorprender.
A media tarde, un mensaje viajaba en dirección opuesta:
Buenas tardes, Señor. Después de comer, como me dijo, bajé al baño con las pinzas en la mano. Me lavé las manos, me desnudé de cintura para arriba y me puse una en cada pezón. Me dolió un poco. No me había torturado los pezones antes, pero era soportable. Al rato ya me había acostumbrado y empecé a encontrar el placer, en parte pensando en que Usted estaría pensando en mí en ese momento y me imaginaría cumpliendo mi tarea. Me quité el resto de ropa y me metí las bolas y el tanga en el coño, haciendo una tira y me senté en el inodoro al revés, apoyando las tetas en la cisterna. El frío de la porcelana me aliviaba el dolor y me puso los pezones duros inmediatamente. Como me había dicho, abrí mucho las piernas y empecé a masturbarme con las sensaciones aumentando en las tetas y en el coño. Imaginaba que mi Señor me miraba mientras cumplía mi tarea, de manera que traté de cuidar mis ademanes, como sé que le gusta. Cuando estuve a punto de correrme paré, muy a mi pesar, porque hubiera continuado hasta explotar. Saqué el tanga empapado del interior y casi me corro de placer. Tuve que respirar hondo para continuar. Después me limpié el coño, que estaba muy húmedo, lógicamente, me quité las pinzas de los pezones y me lavé las tetas con agua fría... Agradecí ese frescor en ellas. Me lavé las manos, me vestí con la lencería de repuesto y subí a mi mesa directamente a relatar lo que viví, sin esperar a la noche. Espero que le satisfaga mi informe y me permita volver a aprender.
A sus pies.
Para el siguiente amanecer a la lectura de este mensaje, la indumentaria que lucirás será como sigue: Comenzarás por hidratar tu piel tras la ducha, colocándote a continuación tanga de tono negro transparente. Otra prenda similar irá a parar a tu bolso. Acompañarás la lencería inferior con un sujetador de apertura frontal y tacto transparente, para que tus pezones perciban el vaivén de tus pasos al caminar.
Ella se preguntaba el motivo de llevar lencería de repuesto, si acaso sería para someterla a castigo o romper la prenda, cosa que tanto excitaba, pero se quedó imaginando el roce de su pecho sobre la ropa, los pezones duros a la espera de ser pellizcados.
Te vestirás a continuación con blusa negra y falda ajustada pero suficientemente elástica como para poder jugar en tu interior. Aderezarás el conjunto con el calzado adecuado de alto tacón y prescindirás de otros complementos sobre tu piel. Por último, usarás abrigo largo.
Ella fue preparando cada elemento en el mismo orden en que leía el mensaje.
En el bolso, aparte de la lencería y tus habituales bolas chinas, dejarás dos pinzas de la ropa, que al final del día reposarán en tu cajón laboral.
Con el tiempo justo, por recrearse en la situación, salió de casa y encaró el atasco antes de poder tomar la autovía que la llevaba a su ocupación profesional. Mientras esperaba en un semáforo, el terminal se activó.
De camino al trabajo repostarás en una gasolinera, vestida sin lencería (que dejarás en el bolso) ni falda, que retirarás antes de salir del coche. Usarás el abrigo y tu comportamiento será por completo natural. Al regresar, tomarás las bolas y, una vez retomes el camino, alternarás entre jugar con las bolas en el coño y acariciarte mientras conduces, saboreando tus dedos con la boca.
A pocos metros del desvío a su oficina halló la gasolinera. Aparcó inicialmente en la zona de descanso para desvestirse y después continuó hasta el surtidor. Se colocó el abrigo en el coche, no sin dificultad y salió a repostar. La brisa de la mañana se enredó entre sus muslos y refrescó el sexo empapado. No quiso mirar a ninguna parte, temía que alguien se fijara en desnudez disponible. Finalizó la tarea y tras abonar el repostaje salió orgullosa y con paso firme de allí, con las piernas chorreando por superar el reto. Al entrar en el vehículo tenía otro mensaje.
Cuando llegues al trabajo puedes colocar la falda, nada más. Después, en tu sitio, guardar las pinzas en un cajón y permanece con falda, blusa y sin lencería hasta que se te indique qué hacer, sintiendo el roce de tus pezones en la blusa y la desnudez del resto de tu piel.
Obedeciendo en cada extremo, se pasó el día aguardando la siguiente instrucción. La mañana transcurría y miraba compulsivamente el terminal, esperando el siguiente escalón a superar. Pero nada ocurría más allá del tacto de su pecho en el escote y su humedad interior. Finalmente, cerca del mediodía, un mensaje llegó. Ella sonrió y miró su reloj. Si comía algo rápido tendría tiempo de sobra para sorprender.
A media tarde, un mensaje viajaba en dirección opuesta:
Buenas tardes, Señor. Después de comer, como me dijo, bajé al baño con las pinzas en la mano. Me lavé las manos, me desnudé de cintura para arriba y me puse una en cada pezón. Me dolió un poco. No me había torturado los pezones antes, pero era soportable. Al rato ya me había acostumbrado y empecé a encontrar el placer, en parte pensando en que Usted estaría pensando en mí en ese momento y me imaginaría cumpliendo mi tarea. Me quité el resto de ropa y me metí las bolas y el tanga en el coño, haciendo una tira y me senté en el inodoro al revés, apoyando las tetas en la cisterna. El frío de la porcelana me aliviaba el dolor y me puso los pezones duros inmediatamente. Como me había dicho, abrí mucho las piernas y empecé a masturbarme con las sensaciones aumentando en las tetas y en el coño. Imaginaba que mi Señor me miraba mientras cumplía mi tarea, de manera que traté de cuidar mis ademanes, como sé que le gusta. Cuando estuve a punto de correrme paré, muy a mi pesar, porque hubiera continuado hasta explotar. Saqué el tanga empapado del interior y casi me corro de placer. Tuve que respirar hondo para continuar. Después me limpié el coño, que estaba muy húmedo, lógicamente, me quité las pinzas de los pezones y me lavé las tetas con agua fría... Agradecí ese frescor en ellas. Me lavé las manos, me vestí con la lencería de repuesto y subí a mi mesa directamente a relatar lo que viví, sin esperar a la noche. Espero que le satisfaga mi informe y me permita volver a aprender.
A sus pies.

3 comentarios:
Ufff me ha encantado...leer cosas como estas y más yo que me encanta la sumisión hace que me pongan muy tontorrona x)__
Besos Señor !
Paso a paso… poco a poco. Cómo debe ser un buen aprendizaje. La excitación de lo desconocido, el deseo de cumplirlo… el placer de la entrega.
Un beso desde mi Jardín.
Tengo un regalito para tí... pásate por mi blog a recogerlo...
Saludos...
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