Jueves, víspera de fin de semana y habitual punto de encuentro para tomar una copa al salir del trabajo, estirando la noche, perfecto para citas clandestinas utilizando la coartada anterior. Leyó la pantalla de su teléfono móvil. Dejó pasar un par de minutos para que nadie asociara su ausencia con el mensaje recibido y se despidió. Unos metros más allá subió a un coche y cambió de zona de copas, por seguridad.
El ambiente era perfecto. Suficiente gente pero sin agobios, rincones oscuros donde compartir secretos y música a un volumen que permitía elegir entre baile o charlar. Tras recoger una copa, no tardó en encontrar un rincón donde acomodarse. El aire acondicionado provocó la marca de sus pezones en el jersey. Acompañaba la prenda con minifalda y botas. Su acompañante acercó un taburete y le ordenó sentarse separando las piernas. A continuación, deslizó en silencio una mano entre los muslos humedecidos de ella, hasta comprobar que su sexo estaba desprovisto de lencería, suave y empapado, preparado para ser utilizado.
Ajenos al bullicio de la sala, le indicó que abriera la boca y en ella depositó una bola vibratoria, para que la humedeciera y colocara después en su interior, con la mayor naturalidad posible y sin mirar alrededor. Sabía que exhibiría su intimidad pero apenas se lo pensó, percibiendo la caricia interior según entraba el objeto. Permaneció así unos instantes.
Apareció una joven de melena rubia, vestido ceñido de lycra, rostro apacible y mirada intensa. Saludó a su acompañante y quedó mirándola, aprobando lo que veía. Se acercó al taburete y dejó su cuerpo entre las piernas de ella, acercándose a su oído.
- Veremos si haces honor a tu fama, pequeña – susurró, provocando un torrente de excitada agitación
Él activó la vibración del juguete que ella albergaba en su interior, pillándola desprevenida, estimulándola todavía más. La otra joven llevó un dedo a su boca y después comenzó a jugar con ella, separando sus muslos, acariciando suavemente el clítoris, pellizcando sus pezones sobre la ropa. La tomó de la mano y la llevó al baño. Ella miró hacia su acompañante, que la ordenó obedecer.
Entraron juntas en el cubil. Tras desnudarse, permaneció en pie con las piernas a ambos lados del inodoro y colocó las manos a su espalda. La otra joven manejaba el mando del juguete vibrador a su antojo, acelerando el ritmo o deteniéndolo. Alternó los azotes en el sexo con las caricias más delicadas, saboreó su boca y la hizo arrodillarse para hacerle comer su placer. Cuando quedó satisfecha retiró las bolas vibratorias y volvió a las caricias, deteniéndose justo antes de que se corriera. Ordenó que se vistiera de nuevo y salieron al local donde su acompañante esperaba.
Sentado en el taburete, la colocó sobre sus rodillas, subió la minifalda con riesgo de miradas ajenas, penetrándola poco a poco desde atrás. Al mismo tiempo, la rubia joven se había situado entre sus piernas para cubrir la escena y besar apasionadamente su boca, resbalando los dedos por su chorreante coño. Tardó pocos segundos en ser recorrida por una oleada de placer.
Limpió con su boca los dedos mojados de la otra chica y aguardó instrucciones. Le ordenaron finalizar la limpieza del sexo que había tenido en su interior, de rodillas. Sabía que sería mirada por cualquiera que estuviese alrededor, pero lo hizo cuidadosa y discretamente, oculta tras la otra joven. Completada la tarea, salió del local camino de la parte trasera de un automóvil, para continuar la sesión mientras circulaban por la ciudad.
El ambiente era perfecto. Suficiente gente pero sin agobios, rincones oscuros donde compartir secretos y música a un volumen que permitía elegir entre baile o charlar. Tras recoger una copa, no tardó en encontrar un rincón donde acomodarse. El aire acondicionado provocó la marca de sus pezones en el jersey. Acompañaba la prenda con minifalda y botas. Su acompañante acercó un taburete y le ordenó sentarse separando las piernas. A continuación, deslizó en silencio una mano entre los muslos humedecidos de ella, hasta comprobar que su sexo estaba desprovisto de lencería, suave y empapado, preparado para ser utilizado.
Ajenos al bullicio de la sala, le indicó que abriera la boca y en ella depositó una bola vibratoria, para que la humedeciera y colocara después en su interior, con la mayor naturalidad posible y sin mirar alrededor. Sabía que exhibiría su intimidad pero apenas se lo pensó, percibiendo la caricia interior según entraba el objeto. Permaneció así unos instantes.
Apareció una joven de melena rubia, vestido ceñido de lycra, rostro apacible y mirada intensa. Saludó a su acompañante y quedó mirándola, aprobando lo que veía. Se acercó al taburete y dejó su cuerpo entre las piernas de ella, acercándose a su oído.
- Veremos si haces honor a tu fama, pequeña – susurró, provocando un torrente de excitada agitación
Él activó la vibración del juguete que ella albergaba en su interior, pillándola desprevenida, estimulándola todavía más. La otra joven llevó un dedo a su boca y después comenzó a jugar con ella, separando sus muslos, acariciando suavemente el clítoris, pellizcando sus pezones sobre la ropa. La tomó de la mano y la llevó al baño. Ella miró hacia su acompañante, que la ordenó obedecer.
Entraron juntas en el cubil. Tras desnudarse, permaneció en pie con las piernas a ambos lados del inodoro y colocó las manos a su espalda. La otra joven manejaba el mando del juguete vibrador a su antojo, acelerando el ritmo o deteniéndolo. Alternó los azotes en el sexo con las caricias más delicadas, saboreó su boca y la hizo arrodillarse para hacerle comer su placer. Cuando quedó satisfecha retiró las bolas vibratorias y volvió a las caricias, deteniéndose justo antes de que se corriera. Ordenó que se vistiera de nuevo y salieron al local donde su acompañante esperaba.
Sentado en el taburete, la colocó sobre sus rodillas, subió la minifalda con riesgo de miradas ajenas, penetrándola poco a poco desde atrás. Al mismo tiempo, la rubia joven se había situado entre sus piernas para cubrir la escena y besar apasionadamente su boca, resbalando los dedos por su chorreante coño. Tardó pocos segundos en ser recorrida por una oleada de placer.
Limpió con su boca los dedos mojados de la otra chica y aguardó instrucciones. Le ordenaron finalizar la limpieza del sexo que había tenido en su interior, de rodillas. Sabía que sería mirada por cualquiera que estuviese alrededor, pero lo hizo cuidadosa y discretamente, oculta tras la otra joven. Completada la tarea, salió del local camino de la parte trasera de un automóvil, para continuar la sesión mientras circulaban por la ciudad.

6 comentarios:
Un excitante relato con los matices perfectos de un exhibicionismo altamente provocador.
Delirante, Valen .... delirante.
Néctares
Siempre pensé que tres eran multitud... que equivocada estaba...
Un besito Valan...
tres es el número perfecto .....que rico.
Un saludo y gracias por pasarse por mi rinconcito :)
Resulta todo un cumulo de sensaciones, esto de jugar en lugares públicos representa siempre una fantasía que me seduce y ahora con tu relato lo confirmo: me encanta...
Besitos desde mi orilla.
Intenso relato provocador y sobre todo aleccionador a mi parecer por aquello que a mi pensar no hay cabida para "otra persona" en una sesion con su Señor...
Gracias por permitirme aprender
Mis respetos y saludos desde Caracas.Venezuela
bella
Me seduce el juego a tres bandas y… con miradas ocultas lo hace aun más excitante.
Un beso desde mi Jardín.
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