miércoles, 10 de junio de 2009

Recuerdos


Todavía la estoy viviendo, sintiendo mis bolas chinas y el calor de mi sexo que sigue palpitando

Con esa sensación sentó su cuerpo desnudo frente al teclado del ordenador para desglosar cada paso de la tarea que le había sido impuesta. Había recibido detalladas instrucciones, desde la longitud de la falda sin lencería, la blusa y hasta su manera de caminar. Ella se recreaba en la idea de las miradas anónimas, esas que se fijan en todo, que devoran con ojos de depredador, intuyendo la desnudez bajo la falda.

Subió al coche, sofocante bajo el sol, sintiendo el calor directamente sobre el sexo al acomodarse en el asiento. Subió la falda para poder conducir, comprendiendo que de ese modo desde la calle podría verse su piel desnuda. Fotografió el momento tal como le indicaron, aguantando las ganas de acariciarse.

Al llegar a la oficina de nuevo percibió el contraste del asiento de piel, fresco en este caso. Instintivamente, separó un poco las piernas, notándose mojada. Tenía tiempo para prepararse hasta ir al baño.

He mirado mil veces el reloj, he deseado mil veces que fuese más tarde. Y por fin la hora en que ya no podía más, en que he deseado sentir de nuevo esas bolas chinas

Entró en el baño sin cerrar la puerta, pues ese era el mandato. Sacó las bolas del bolso y las introdujo en su interior. Se acarició levemente y volvió a su mesa, el juego tan sólo había empezado.

Al finalizar su jornada paseó hasta un centro comercial con la excitación llenando su interior. Buscó un probador sin pestillo, con cortinas de tela que poder dejar sin cerrar del todo, dejadas al azar del paso de otras personas o del personal de la tienda. Con varias prendas entró en uno, el más a la vista quiso la casualidad. Se desnudó y acarició completamente empapada mirándose al espejo, fotografiando el momento con pulso agitado.

He seguido tocándome, y mientras… la dependienta diciéndome si necesitaba algo, el móvil sonando, y la gente esperando…

Salió del probador una vez vestida pero su excitación era tan grande que entró en otra tienda para repetir ritual, impidiéndose llegar al orgasmo de nuevo.

He salido ardiendo de esa tienda, notando como mis muslos estaban empapados… necesitaba una ducha, estaba excitada y caliente, estaba desenado dejarme llevar por la excitación hasta el final, pero disfrutando de no hacerlo..

Regresó a casa con el estímulo de las caricias, las bolas y la humedad recorriendo sus muslos, imaginando que alguien podría darse cuenta de su estado. Entró en la ducha y volvió a tocarse, reprimiendo un gemido de placer. Dejó que su orina regara sus muslos mientras se tocaba, recorriéndola al tiempo que palpitaba su entrepierna. Finalizó la ducha, se colocó una camiseta que apenas disimulaba su desnudez y continuó con sus tareas domésticas.

Mientras escribía los pormenores de su periplo y se contemplaba en las imágenes del teléfono móvil mantuvo las bolas colocadas en su interior y el hambre de placer hasta la hora fijada, mostrando sin atisbo de duda sus ganas de entrega y su exquisito obedecer.


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