Sonó el timbre del apartamento. Abrió y se hizo a un lado para dejarle pasar y que comprobara que seguía desnuda a la espera de serle indicado qué ponerse. Tras breve saludo le dirigió a su armario, que dejó abierto de par en par y se arrodilló junto a la cama, aguardando la elección. Un vestido negro ceñido de talle y con volante a medio muslo, muy accesible, sandalias negras de fino tacón. Sólo eso vestiría.
Salieron a la calle y pese al cálido ambiente pudo sentir en su mojada entrepierna la brisa estival. Su excitación era elevada, como siempre que era sacada a pasear. Se detuvieron en un cruce esperando a que el tráfico se detuviera y sintió como los dedos de su acompañante deslizaban por su piel más íntima, estremeciendo su cuerpo y siendo juzgada por una señora madura que estaba a su lado mirándola con severa mirada, cosa que mientras ahogaba un gemido apenas le importó.
Tras la cena, fue llevada al parque y allí, entre parejas escondidas, expuesta su piel y acariciado su sexo, siendo utilizada para complacer con su boca momentos después. Completamente excitada, fue llevada de regreso a su hogar.
La puerta del ascensor se abrió y entraron. Con un susurro, le fue ordenado arrodillarse. El corazón parecía salirse del pecho. Era posible que algún vecino estuviera en el rellano al llegar a su planta, pero obedeció. Tal era su turbación que hasta que el ascensor no abrió de nuevo sus puertas no entendió que no había parado en su planta, sino en una inferior. A continuación, le fue indicado caminar a gatas hasta la escalera y una vez en ellas pudo incorporarse, subiendo de uno en uno los escalones mientras hábiles dedos se enredaban entre sus piernas y se introducían en su interior. Llegó un momento en que la estimulación impedía caminar y sentía empaparse los muslos.
Le ordenaron continuar en ese estado hasta llegar a casa. No tenía pulso ni para abrir la puerta, con gran esfuerzo lo consiguió. Tras cruzar la puerta fue colocada contra la pared y penetrada desde atrás, teniendo que controlar el placer que súbitamente comenzaba a experimentar.
- Si eliges correrte, serás exhibida hasta que yo desee
Poco tiempo después se corría sin remisión, puesto que el modo en que la tocaba dejaba claro que no deseaba que tuviera otra opción. Completamente mojada y desnuda fue llevada al ventanal del salón. Colocó entre sus piernas una lámpara, apagando el resto de la habitación y jugando el resto de la noche con su cuerpo, perfectamente visible desde el exterior.

2 comentarios:
La forma sensual de relatar cada detalle me fascina, he venido ya desde hace tiempo a leer, siempre me voy reflejada en ella...
Espero leer muy pronto el siguiente relato VALAN, si no te molesta me trendrás seguido por aquí.
samara
Exquisito en detalles y matices, un relato extremadamente cuidado y sensual.
Néctares
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