Ha pasado buen tiempo desde aquella tarde apoyada en su pupitre con las bragas por las rodillas, escribiendo con letra temblorosa mientras se empapaba los muslos con la penetración que dictaba por detrás. No ha olvidado la excitación y el miedo al leer el texto recién escrito, el posible destino de aquél pedazo de hoja que se comprometía a respetar, sin saber quién lo empuñaría. Cambió un recuerdo de intenso placer por entrega absoluta sin plazo ni destino.
Ha pasado tiempo a pesar de que aún siente estremecerse algo dentro recordando el cheque en blanco que lleva su firma, con la duda de si volverá a encontrarse frente a quien quiera ejercer el derecho que otorga esa declaración, mezcla de temor y dignidad aún en su mirada.


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